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Origen y significado

Los Cuentos de Hadas o
tradicionales tienen su origen en la noche de los tiempos, existen en
todas las culturas y casi siempre comparten una serie de elementos
comunes. Entre estos elementos están el ritmo, la línea argumental y una
serie de alegorías y símbolos que sólo son igualados por los sueños. La
relación entre los sueños y este tipo de cuentos es más estrecha de lo
que se supone, para muchos es del mundo onírico de donde han salido a la
luz dichas historias. Para otros son reminiscencias de los antiguos
mitos como los de Isis y Osiris, Mitra, Krisna, etc., incluso de
mitologías y religiones que han desaparecido. También se apunta su
relación con la psiquis, tal como afirmaba el psiquiatra infantil Bruno
Bettelheim o el analista Carl G. Jung, y que tan bien ha trabajado su
discípula María L. Von Franz. En cambio otros sólo quieren ver meras
fábulas cargadas de moralidad y cuyo objetivo era mantener el miedo y la
prevención entre quienes las escuchaban, una forma de contingencia moral
para mantener los grupos sociales dentro de los linderos de la sociedad.
Los menos afirman que son narraciones que reflejan la historia del alma
humana y sus procesos, que nos hablan del desarrollo del espíritu que
sale del Gran Todo, participa de la creación y regresa a su morada
original con algo nuevo.

Todas estas afirmaciones son ciertas, como en la historia sufí del
elefante y los ciegos, cada cual ve sólo una parte. Los cuentos de hadas
son todo eso y mucho más, son de una naturaleza que permiten emitir
todos los registros antes descritos en diferentes sustratos, actuando en
la mente y en el alma humana a diferentes niveles según las necesidades
de cada cual.
Pero es en la vida infantil cuando vemos que existe hacia éstas una
mayor simpatía, una mayor atracción. Si bien la mayoría de educadores
sólo quieren ver que esto se debe a que son historias sencillas, con un
comienzo y final consecuente, esto sería ver solo una parte de esta
verdad. Desde una óptica espiritual, este fenómeno se debe a que el niño
siente de manera inconsciente añoranza de su origen espiritual, ya que
aún las emociones y la mente no le han anestesiado del todo de su origen
prenatal, y los cuentos le hablan de esa vida que dejó atrás y de la que
sólo le quedan ecos. Además éstos son para la psiquis y su alma en
formación, lo que la comida a su cuerpo, un auténtico alimento, que lo
nutrirá en un desarrollo armónico de su personalidad.

Sin embargo, debemos conocer y saber cómo deben ser contadas estas
historias, de qué manera, a qué edades, incluso qué cuentos, dependiendo
la época del año. Sobre esto hablaremos más adelante. Incluso volveremos
a tocar el origen y la naturaleza de tan singulares historias en
posteriores oportunidades.
Como indicamos, el origen de estas narraciones se pierde en la noche de
los tiempos, se las conoce por doquier y cuando los medios de
comunicación no existían servían de vehículo social para explicar la
vida, los procesos o los estados del alma a los grupos.
Pero si queremos dar una respuesta más concreta sobre su nacimiento,
tendríamos que hablar de aspectos relacionados con el origen esotérico,
oculto del ser humano y de la humanidad misma.

Hubo un pasado muy remoto, más de lo que los historiadores podrán
suponer, en el que los hombres estaban aún en contacto con lo divino,
con los mundos espirituales. Era una época en la que no hacía falta la
escritura, pues la memoria y la percepción de la vida interior, de los
procesos psíquicos, se encontraban en su máxima expresión. Pero conforme
la humanidad fue perdiendo esas capacidades se hizo necesario que se
pudiera transmitir esas verdades interiores a las generaciones que iban
llegando, ya que no tenían ese acceso a la vida psíquica y espiritual
como sus ancestros, pues conforme perdían esta visión interior ganaban
en percepción sensorial e intelectual, en la capacidad de experimentar
la vida externa y razonar, así el hombre se olvidó de su origen y, por
lo tanto, de su destino. Este proceso dio como origen a los mitos que
encontramos en las distintas religiones, como es el caso del Génesis
Bíblico, la salida del Edén, la pérdida del estatus de semidioses. Este
mito se repite en distintas culturas, incluso hoy se ha podido descubrir
como el mito de Adán y Eva tiene su origen en culturas anteriores a la
hebrea, tomándola éstos de esas culturas anteriores a ellos y
seguramente a su vez las tomaron de otras, pues la realidad es que nunca
se han dejado de repetir y han pasado de cultura en cultura, de
civilización en civilización.

Así es como nacieron los mitos, las leyendas y los cuentos de hadas. La
diferencia es que estos últimos permanecieron en la tradición oral, no
formaron parte de ningún cuerpo de doctrina, ni del complejo mitológico,
tan sólo fueron patrimonio del pueblo llano, manteniendo esa sencillez,
esa candidez alejada de la sofisticación, la erudición y de traducciones
e interpretaciones interesadas.
Es por ello que vemos un gran parecido entre mitologías, sagas y textos
religiosos, y con todos ellos entre sí, incluyendo a los cuentos de
hadas. Pues si bien se revisten de elementos distintos, su esencia, su
mensaje profundo, es el mismo. Todos contienen mitos que resuenan en
nosotros y evocan principios de nuestro interior.
En el niño, entre los tres y siete años, estos arquetipos activan en su
mente infantil estos mismos principios, más allá de las formas o
circunstancias del cuento, sirviendo de base para su desarrollo
psíquico, lo cual le ayudará a una vida adulta más armónica.


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